"La filosofía no es el arte de consolar a los tontos ... su única tarea es la búsqueda de la verdad y destruir prejuicios."

Manifiesto Liberal de Oxford



La Agenda Liberal Para El Siglo XXI
La Calidad de la Libertad en las Sociedades Cívicas Abiertas

Manifiesto Liberal aprobado por el 48º Congreso de la Internacional Liberal celebrado en Oxford, del 27 al 30 de noviembre de 1997

Inspirados en los fundadores de la Internacional Liberal que hace cincuenta años proclamaron el Manifiesto Liberal, 475 liberales de todos los continentes se reunieron en Oxford del 27 al 30 de noviembre de 1.997 para debatir las respuestas liberales a los retos y oportunidades que emergen en la antesala de un nuevo milenio.

Durante los últimos cincuenta años se han logrado avances sustanciales en el establecimiento de sociedades abiertas basadas en la libertad política y económica. Sin embargo, todavía queda un largo camino que recorrer. Las nuevas generaciones tienen que definir las prioridades liberales en función de oportunidades y peligros en evolución.

Al liberalismo aún le quedan muchos retos con los que enfrentarse: la violación de los Derechos Humanos y la excesiva concentración de poder y riquezas; las ideologías fundamentalistas, totalitarias, xenófobas y racistas; la discriminación sexual, religiosa, por razones de edad, orientación sexual e incapacidad; de la pobreza e ignorancia, de la creciente brecha entre ricos y pobres; del uso indebido de las nuevas tecnologías, del debilitamiento de los lazos sociales, de la competencia por los escasos recursos, de la degradación del medio ambiente en un mundo sobrepoblado, del crimen organizado y la corrupción política. Nuestra tarea como liberales en el Siglo XXI es buscar respuestas políticas capaces de promover la libertad individual y los Derechos Humanos, sociedades y economías abiertas y la cooperación mundial.

Nuestros Valores Liberales

Reafirmamos nuestro compromiso con los principios del liberalismo establecidos en el Manifiesto de la Internacional Liberal de abril de 1947: creemos que la libertad y la responsabilidad individual son las bases de una sociedad civilizada; que el Estado es sólo un instrumento al servicio de los ciudadanos; que cualquier acción del Estado debe estar sujeta al imperio de la ley, y quienes la ejecutan deben someterse al escrutinio de la sociedad civil; que la libertad constitucional está basada en los principios de la separación de poderes; que la justicia exige que en todo enjuiciamiento penal el acusado goce del derecho a un juicio rápido, público, y libre de cualquier influencia política; que tanto el control de la economía por parte del Estado como los monopolios privados amenazan la libertad política; que los derechos y las obligaciones van unidos y que todo ciudadano tiene una responsabilidad moral ante los demás miembros de la sociedad; y que un mundo en paz sólo puede alcanzarse por medio del respeto a estos principios y la cooperación entre las sociedades democráticas. Reafirmamos que estos principios son validos en todo el mundo.

La libertad, la responsabilidad, la tolerancia, la justicia social e igualdad de oportunidades, son los valores centrales del liberalismo y los principios sobre los que debe construirse una sociedad abierta. Estos principios requieren un cuidadoso equilibrio entre las sólidas sociedades civiles, los gobiernos democráticos, los mercados libres y la cooperación internacional.

Creemos que entre las condiciones de las libertades individuales se incluyen el estado de derecho, el acceso para todos a una variada y completa educación, las libertades de expresión, asociación y acceso a la información, la igualdad de derechos y oportunidades para mujeres y hombres, la tolerancia para la diversidad y la inclusión social, la promoción de la iniciativa privada y de las oportunidades de empleo. Creemos que la sociedad civil y la democracia constitucional constituyen la base más justa y estable del orden político. Vemos a la sociedad civil como una sociedad constituida por ciudadanos libres que viven dentro de un marco legal establecido, con la garantía de sus derechos individuales y con el poder del gobierno limitado y sujeto al escrutinio democrático de la sociedad.

Creemos que una economía basada en las reglas de libre mercado fomenta la distribución más eficiente de riquezas y recursos, impulsa la innovación y promueve la flexibilidad.

Creemos que la estrecha colaboración entre las sociedades democráticas a través de organizaciones mundiales y regionales, dentro del marco del derecho internacional, del respeto a los Derechos Humanos y el reconocimiento de los derechos de las minorías nacionales y étnicas, aunado a un compromiso compartido en favor del desarrollo económico en todo el mundo, constituye la base indispensable para la paz mundial y la sustentabilidad económica y ecológica.

El avance del Liberalismo, 1947-1997

Damos la bienvenida al progreso alcanzado a lo largo de los últimos cincuenta años poniendo en práctica los principios liberales en un número cada vez mayor de países:

• el retorno de la libertad y de la democracia en los antiguos países comunistas de Europa,
• la expansión de los gobiernos democráticos y de derecho; el fin del colonialismo; pueblos antes subyugados tienen ahora la oportunidad de gobernarse a sí mismos;
• la reducción del control estatal en las economías nacionales, aceptando que las economías de mercado crean riquezas más efectivamente y que las distribuyen mejor;
• la transformación de la educación, que ha pasado de ser el privilegio de una minoría a constituir un proceso de por vida para la mayoría de los ciudadanos;
• el respeto cada vez mayor por los Derechos Humanos, tanto en el interior de los Estados como materia de vigilancia internacional y, de ser necesario, como causa de intervención;
• la extensión de los Derechos Humanos a mujeres y niños a nivel domestico e internacional;
• la extensión de las reglas de igualdad a las minorías sexuales y el reconocimiento de que la homosexualidad y del lesbianismo son expresiones legítimas de la opción personal del individuo; la consolidación de una economía mundial abierta dentro de un marco de regulación internacional de regulación;
• el fortalecimiento de las leyes internacionales y de las instituciones regionales y mundiales;
• el aumento de la libertad de información, comunicación y tránsito, tanto en el interior como a través de las fronteras nacionales;
• aceptar que la comunidad internacional comparte la responsabilidad y la obligación de combatir la pobreza mundial y de proteger el entorno global.
El reto de nuestra generación

Reconocemos que estos logros hasta ahora sólo han sido conquistados para una minoría de la humanidad.

Los retos que afrontaremos en los próximos cincuenta años son fundamentalmente: construir sobre las bases de lo logrado, extender los principios del liberalismo a todo el mundo y aprovechar las fuerzas del cambio para consolidar, y no socavar, el desarrollo de las sociedades abiertas.
Estos retos incluyen:

1. El reto de extender la democracia.

La democracia liberal ha sido por fin aceptada como el modelo universal de organización política. Pero, todavía, solamente una minoría de países son realmente democráticos. El camino a la libertad está aún obstaculizado por los regímenes autoritarios, las minorías militares de élite usurpadoras del poder, el abuso de los poderes estatales con fines partidistas, los elementos criminales con influencia en los gobiernos y los buscadores de poder que explotan los anhelos y miedos de los pueblos.

Hacemos un llamamiento a todos los pueblos y gobiernos para que:

• en sus relaciones internacionales discriminen en favor de aquellos gobiernos que acaten las reglas de los Derechos Humanos y la democracia,
• promulguen la abolición de la pena de muerte en todo el mundo,
fortalezcan el estado de derecho y promuevan el buen gobierno en un marco completamente democrático,
• reorienten las partidas militares del gasto público hacia la inversión en capital social y la mitigación de la pobreza,
• limiten la venta de armamento, previniendo la venta de medios de represión a los regímenes no democráticos y promuevan el registro más efectivo de armas convencionales por parte de las Naciones Unidas, combatan la corrupción, el crimen organizado y el terrorismo,
• promuevan que los medios masivos de comunicación estén fuera del control o injerencia de gobiernos o empresas dominantes,
• inculquen por medio de la educación la importancia crucial de la tolerancia para la existencia misma de una sociedad civilizada.

2. El reto de la violencia y de la gobernabilidad mundial

En un mundo lleno de conflictos violentos, una de las tareas más difíciles es hallar medios efectivos para evitar la violencia. En un mundo cada vez más interdependiente, se requiere también de un alto nivel de cooperación internacional para promover un orden mundial seguro, sostenible y equitativo. La criminalidad transnacional, las enfermedades incurables, la contaminación ambiental y la amenaza del cambio climático son pruebas adicionales para la cooperación internacional. Los liberales estamos comprometidos a fortalecer la gobernabilidad mundial a través de la Organización de las Naciones Unidas y la cooperación a nivel regional. Urgimos a todos los gobiernos a unirse en apoyo de una iniciativa para el establecimiento de un tribunal penal internacional, que tenga jurisdicción sobre los criminales de guerra. Nuestro objetivo en el siglo XXI es construir un orden liberal mundial afianzado en el estado de derecho y respaldado por instituciones mundiales y regionales idóneas.

3. El reto de mejorar la democracia.

Reconocemos que las prácticas democráticas deben extenderse con el fin de satisfacer las expectativas de sociedades más educadas y para evitar el desencanto con las formas de gobierno representativo. Los ciudadanos merecen un mejor acceso a la información, controles parlamentarios más efectivos sobre los poderes ejecutivos, mayores oportunidades de desempeñar un papel activo en la vida pública y de cuestionar a sus gobiernos. El principio de subsidiariedad debe ser respetado estrictamente a fin de otorgar la máxima autonomía a las comunidades regionales y locales. La descentralización del poder político en las comunidades autónomas es el mejor modo de darle poder a cada ciudadano.

4. La tensión entre Derechos Humanos y el autogobierno.

El autogobierno o más específicamente, la soberanía del Estado, pueden entrar en conflicto con las libertades individuales y los Derechos Humanos. Los regímenes autoritarios abusan del principio de su soberanía con la intención de obstaculizar intervenciones en favor de aquéllos a quienes les ha negado su libertad. Los liberales insistimos en que los Derechos Humanos son universales e indivisibles, que no dependen de ser ciudadano de un estado específico, ni de ser miembro de un grupo social o étnico en particular, ni del género, religión o partido político. La comunidad internacional deberá encontrar sanciones adecuadas contra los gobiernos que se nieguen a observar los principios rectores de una sociedad internacional abierta.

5. El reto para combatir la pobreza y la exclusión social.

La pobreza, el desempleo y la exclusión social arruinan la vida de los hombres, y especialmente la de las mujeres, los niños y los ancianos; siendo los principales peligros que acechan a la sociedad civil. La pobreza alimenta el desánimo y éste el extremismo, la intolerancia y la agresión. La cuestión clave para aliviar la pobreza es cómo proporcionar a la población medios de lucha contra la pobreza por sí mismos, de forma que puedan por sí solos salir de la marginación. Hacemos un llamamiento a una política social activa que cree oportunidades para la educación, el trabajo y la asistencia para los mas desfavorecidos, basada en la asociación de los estamentos públicos y privados. Las instituciones públicas y los sistemas asistenciales deben ser en la medida de lo posible, más flexibles y su gestión más local, procurando promover la responsabilidad individual y actuar en consonancia con las circunstancias individuales.

6. El reto de un Estado mínimo.

La vieja idea de que es obligación del Estado organizar la vida de sus ciudadanos está en crisis o ha fracasado en todo el mundo. En las sociedades industrializadas los viejos sistemas de seguridad social y de redistribución amenazan con sucumbir, y los gobiernos presentan presupuestos que implican una presión fiscal cada vez más fuerte para las futuras generaciones. En los países en vías de desarrollo los intentos de promover exclusivamente (o en su mayor parte) el fomento mediante medidas gubernamentales están dadas al fracaso, debido a un Estado sobrecargado y a una iniciativa privada ahogada por aquél, pero que constituye el único factor que puede producir resultados sostenibles. Los liberales reconocemos que la capacidad de gobernar es limitada, que el crecimiento del gasto público es en sí mismo una amenaza a la sociedad civil, y que la reducción de los gastos del Estado deben, por lo tanto, equilibrarse en consideración de las nuevas demandas.

7. La necesidad de un nuevo contrato entre generaciones.

Reconocemos que los gobiernos, en tanto que depositarios de la sociedad, se enfrentan a tensiones que surgen de las presiones inmediatas entre la demanda y el consumo, al igual que de los intereses a largo plazo de la comunidad y el medio ambiente. Queremos un nuevo contrato entre generaciones; uno que reconozca los beneficios que los ciudadanos y consumidores actuales han recibido de inversiones anteriores; que considere la responsabilidad de mantener y renovar el entorno natural, el patrimonio cultural, los bienes públicos y el capital social de generaciones futuras. Los precios deben reflejar los costos subyacentes de la contaminación y la explotación de los recursos naturales.

8. El reto del progreso científico y tecnológico.

Damos la bienvenida a las oportunidades económicas y sociales derivadas de las nuevas tecnologías y de la innovación científica, pero también reconocemos la necesidad del control de la ciudadanía - por su posible impacto y abuso - y del establecimiento de regulaciones a nivel tanto nacionales como internacionales. El principio de precaución debe ser el principio fundamental en todos los sectores de la actividad humana. Particularmente la amenaza del cambio climático, al cual tenemos que enfrentarnos sin dilación. Es urgente la promulgación de acuerdos obligatorios y programas para la reducción sustancial del consumo de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). Su utilización debe mantenerse dentro del rango de la capacidad de regeneración de los ecosistemas. Todos los productos químicos, las sustancias obtenidas mediante ingeniería genética y los productos industriales deben ser cuidadosamente sometidos a prueba antes de su lanzamiento al mercado. También acogemos con satisfacción la revolución en las comunicaciones, que ofrece nuevas oportunidades para promover la creatividad, la descentralización y la autonomía e iniciativa individuales. Los liberales insistimos en la necesidad de que existan canales de comunicación diversos y suministrados por la libre competencia del mercado. Las redes de información y demás estructuras de comunicación deben ser ampliamente asequibles y contar con sistemas abiertos para productores, consumidores y organismos de interés público.

9. El reto de crear mercados abiertos.

Las sociedades abiertas necesitan mercados abiertos. Una sociedad liberal, abierta y tolerante requiere una economía de mercado. Las libertades políticas y económicas van juntas. Con las ideas e innovaciones del mercado y con la competencia por la mejor solución, la economía de mercado crea un progreso dinámico que proporciona la mejor oportunidad para una vida independiente. Con el principio fundamental de la propiedad privada y un marco legal que prevenga los monopolios, las economías de mercado hacen que las iniciativas privadas y económicas generen los medios para la asistencia social. Por lo tanto, las regulaciones burocráticas del mercado económico y el proteccionismo forman barreras para la apertura de nuevos retos y empleos tanto en los países industrializados como los que se encuentran en vías de desarrollo. Para lograr un desarrollo sostenible, social y ecológico, debemos trasladar las cargas fiscales, soportada en la actualidad sobre todo por los trabajadores, hacia el consumo de energía y materias primas. Sin estos cambios, los problemas del medio ambiente y del desempleo seguirán aumentando.


10. El reto del desarrollo mundial.

Los gobiernos corruptos y autoritarios, los Estados y las sociedades débiles, el desempleo, la miseria, la falta de educación y la sobrepoblación contribuyen al deterioro del medio ambiente, generan flujos migratorios y de refugiados, y provocan revueltas contra el orden político y social establecido. Alentar y apoyar el desarrollo económico de los países pobres va, por tanto, en interés propio del mundo desarrollado. También es una obligación moral. Ya que los mercados abiertos sirven mejor para promover la prosperidad, que está al alcance de los países ricos y pobres, los liberales tienen que enfatizar enérgicamente, y de la mejor forma implementar su firme convicción de que el libre comercio (dando oportunidad a los mas débiles económicamente) es la forma mas segura de superar la pobreza a nivel mundial. Por lo tanto, la resistencia al proteccionismo económico del mercado continua siendo un compromiso clave para los liberales.

Al alba del siglo XXI nos comprometemos, como liberales, a trabajar juntos para afrontar estos retos. Reafirmamos el compromiso liberal de colocar la libertad y la dignidad de cada ser humano en el centro de nuestra vida política.